2+1=?

Nos reconocimos, los tres. Inmediatamente sin titubear nos acercamos todos a la mesa que el mesero ya había elegido para nosotros. Ellos me saludaron como si ya nos conocieramos de toda la vida. El me dió dos besos en la mejilla. Nos reímos. Los nervios ya no existían. Eran realmente hermosos los dos, aunque ella era más bonita en persona. Se acercó el mesero a tomar la orden, pedí un Gin&Tonic y ellos pidieron lo mismo, era nuestra bebída favorita, de los tres. Al inicio ellos parecían genuinamente interesados en conocerme, me preguntaron que hacía para vivir, a dónde me gustaria viajar, y un par de temas triviales más. Después yo sacié mi curiosidad preguntandoles cómo se habían conocido y qué planeaban para su luna de miel.

Esa noche, era su última noche en mi ciudad. Después pasarían dos meses viajando por Sudamérica (de 9 km, ahora Tinder me marca 398km. Si, de vez en cuando miro sus fotos, y su distancia).  Conversamos sobre otros temas, como por ejemplo, el narcotrafico en mi ciudad, la inseguridad, el mundo en el que vivimos. Le dimos otro trago a nuestra bebida amarga y cambiamos el tema a cosas más alegres. Ellos eran tan amigables, alegres, y me hacian sentir que eramos viejos amigos. Despues Carlos (Nombre falso) preguntó si queríamos algo más del bar y dijo que podríamos ir a la habitación. Tenian una botella de champagne que aún no habían abierto. Jessica (Nombre falso) y yo estuvimos de acuerdo, Carlos pagó la cuenta, y los tres nos dirigimos hacia el hotel, que estaba a unas cuantas cuadras. En el camino me preguntaron si ya había tenido experiencias con otras parejas, y les dije que no. Al parecer ellos lo hacian muy a menudo, pero usualmente con otras parejas. No quise preguntar más.

Llegando al hotel subimos los tres al elevador, curiosamente presionaron el boton del 3er piso. No tiene nada de interesante, pero a mí me lo pareció en su momento. Lo ví así como… una señal.  Llegamos a la puerta de la habitación, abrieron, y entramos. La habitación era bastante grande, y por lo tanto, la cama también. Carlos nos ofreció champagne, pero solo había dos copas (¿Acaso los hoteles no piensan en los invitados?), y decidimos que lo mejor sería tomar elegantemente de la botella. Salimos a la terraza y continuamos platicando y bebiendo alegremente. Decidí hablar de cosas divertidas pero muy serias, les pregunté si tenian reglas al momento de tener a una invitada. Tengo entendido que muchos prohiben los besos en la boca y cosas así. Pero ellos no. Me dijeron, “Hemos tenido reglas, pero las hemos roto todas”. Por lo tanto, no sabia que esperar, no sabia que es lo que iba a ocurrir en aquella cama King size tan solo un minuto después…

Compartir es Querer 2da Parte

¿En qué me quedé? Ah, sí… en que gracias al haber aceptado una propuesta indecorosa, tuve una de las mejores experiencias de mi vida.

Pensandolo bien, quien sea que esté leyendo esto podría pensar que es una locura el hecho de que para alguien el hacer un trío sera la mejor experiencia de su vida. Meh.  Ni siquiera se lo diria a mis amigos por lo mismo. La verdad es que me siento un poco avergonzada de que considere una experiencia de unas pocas horas (ni siquiera podría decirse que fue de “una noche”) como algo que me haya cambiado la vida. Pero bueno, así fue, y quiero pensar que es gracias a mi historial de malas relaciones fuera y dentro de la cama.

Esa noche me preparé dos horas antes de la hora citada. Me di un largo baño de espuma, exfoliantes, cremas de depilar, y cuanta cosa más. Me probé todos los vestidos de mi armario y ninguno me convenció, así que opte por ser yo misma y ponerme mis jeans negros deslavados y una blusa de cuello V, atrevida pero discreta. Tomé una copa de vino para calmar mis nervios y emprendí mi viaje hasta “ellos”. En el camino me entraron tantas dudas ¿Cómo serán? ¿Seran las mismas personas que en la foto? ¿Y si no les gusto? Pero entre más me acercaba a la escena, mis miedos se iban disipando. Llegué. Habiamos quedado de vernos en un bar en una zona bastante popular y concurrida (no tenía miedo de que alguien me viera, ¿podrían ser tan solo amigos cierto?, nadie tenía que saber lo que iba a pasar después). Asi que entré al bar por uno de los costados y en eso, ellos iban entrando por la puerta principal. Puntualidad perfecta. No había vuelta atrás.

 

Compartir Es Querer

Mi nombre es Raffaela, soy méxicana, tengo 25 años, soy madre soltera, y soy una mujer común y corriente. Podría seguir escribiendo lo que creo que me define, pero sería perder el tiempo. En mi opinión son nuestras experiencias las que nos definen y nada más, es por eso que quiero compartir una que en lo personal, me ha cambiado la vida. No soy escritora, y no aspiro a serlo. Pero llega un momento de la vida en el que sientes que tienes tantas cosas que decir, que el lenguage hablado simplemente no basta.

Una depresión post parto, infinitas relaciones amorosas fracasadas, y cuatro años en el diván, me llevaron a tomar una decisión. Decidí comenzar de dejar de decirle NO a la vida, y en vez de eso probar cosas diferentes, conocer personas, salir de mi zona de confort. Fui parte del cliché de applicaciones de citas llamado Tinder. Descargué la aplicación, me aburrí con las conversaciones monótonas, me canse de los mensajes en visto, y perdí todo el interés y por qué no, la esperanza también. Antes de darme por vencida y borrar la aplicación, decidí darle una última orpotunidad. La abrí, y comenze a deslizar mi dedo “derecha” e “izquierda”. En eso, me encuentro la foto de una pareja, un hombre y una mujer. Ambos eran hermosos. En su descripción se leía “Somos una pareja en nuestra luna de miel y queremos un poco de diversión”. No eran la primera pareja que veía en Tinder buscando “diversión” y no era la primera vez que pensaba en que yo jamás me atrevería a hacer un trío. Pero algo fue diferente esta vez, no sé si era mi aburrimiento, mis ganas de salir de la rutina, o de verdad me habían parecido atractivos, pero deslize mi dedo hacia la derecha, hacia el “me gusta”.  Pensé “bueno, si algún día pasara, sería con alguien como ellos”. Por supuesto nunca creí que hariamos “match”. Pero sí, y cinco minutos después recibí un mensaje de la mujer: “Hey, nos gustaron tus fotos, nos vemos para tomar unos tragos?”. Se me salió el corazón. Soy una persona atrapada en la teoría, pasar a la práctica nunca ha sido mi fuerte. No sabía que hacer, sentí miedo, nervios, emoción. Lo medite por horas, salí a caminar, me fume toda la cajetilla de cigarros, y por fín tome una desición. Escribí “Claro, viernes 9 pm en ” ” les parece bien?”, y al minuto siguiente, quedó pactado. Era un martes, y el viernes me parecía algo tan lejano. Pasaban los días y pensaba en no presentarme, !abortar la misión! Pero no lo hice, y ese viernes salí de la rutina, salí de mi zona de confort, para adentrarme a un mundo desconocido dónde hacer el amor no es cosa de dos, es de tres. Y así comenzó la mejor noche de mi vida.